El 5 de agosto de 1935, justo cuando los Estados Unidos pasaban por la más grande de sus crisis económicas, el señor Leo Burnett decidió abrir las puertas de su agencia de publicidad.

Familiares, amigos y conocidos le decían “Leo, vas a acabar vendiendo manzanas por las esquinas de Chicago” (eso es lo que hacían en aquella coyuntura económica muchas personas desempleadas). Pero Leo les contestó: “Yo no voy a vender manzanas, las voy a regalar”.
Todavía hoy sigue siendo una tradición dar la bienvenida con una deliciosa manzana a todas las personas que entran en alguna de sus oficinas repartidas por todo el mundo.




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