Si tenéis intención de hacer un parón de publicación en vuestro blog, que no se os ocurra echar un vistazo a vuestro lector de RSS. Escribí esto ayer después de leer este comentario de David y de tener ya a mis espaldas un par de diatribas del artesano. Parece que Tíscar también se quejó un poco durante el ModdleMoot Euskadi. La burbuja 2.0 ya está aquí. En su día dije que 2008 sería el año del blog corporativo. Me quedé corto. Mucho más allá de mi primera intuición, las empresas quieren “ponerse las pilas” en eso de la web 2.0 en su conjunto. “Hablame de wikis, folksonomías y de blogs. Tenemos que modernizar la web. Nos hemos quedado un poco anticuados.” Le interesa a la gran corporación y a la administración pública. Y, claro, sus esquemas de funcionamiento colisionarán frontalmente con la web 2.0. Porque no es la tecnología. Es la ética.

Durante mi presentación en el evento del libro Manual de Uso del Blog en la Empresa ya intenté explicarlo. Pero vuelvo a hacerlo por si el exceso de folklore os distrajo la primera vez. Lo que la Internet nos ha enseñado por encima de todas las demás cosas (especialmente por encima de las tecnologías) es que una comunidad de seres humanos funcionando bajo una ética basada en compartir es capaz de alcanzar cotas impensables. Los hackers crearon el kernel de Linux: algo impensable desde la mentalidad de la economía de mercado. Los bloggers están revolucionando la sociedad y comiendoles la tostada comunicativa a los medios convencionales.
¿Era diferente hace miles de años? Rotundamente no. Simplemente era más difícil encontrar entornos sociales en los que no tuvieras que “proteger lo tuyo” y “garantizar tu supervivencia”. Ahora funcionamos en una economía de la abundancia. Pero la humanidad ha pasado eras realmente oscuras. Las peores han sido las épocas en las que había menor conocimiento en la sociedad. La barbarie de la Edad Media nos retrotrajo siglos. Además de la economía de la abundancia, el conocimiento y la información tienen una importancia capital en nuestros días, muy por encima de tiempos pasados, ya que están muy relacionados con el santo grial de los países desarrollados: la innovación. Tecnológica, social, científica… da igual, todas requieren conocimiento.
Distintos esquemas de “ética basada en compartir” han funcionado ya para grupos humanos unidos a través de la Internet. La ética hacker es una derivación de la ética científica: los hackers provenían principalmente de entornos universitarios que estaban imbuídos de la mentalidad académica científica. El concepto principal que utilizamos para explicar el comportamiento de los hackers está en las llamadas economías de donación (gift economy). El hacker (o el científico) aporta a la comunidad y ésta le recompensa con un determinado prestigio acorde al logro. Los científicos más citados son “los mejores” en su campo. Los hackers que más aportan son reconocidos como “los mejores” en lo suyo.
La ética blogger es más difusa. Podríamos discutir si existe o no pero algunos elementos permanencen constantes: los bloggers citan sus fuentes y aportan a la comunidad con la esperanza de ser reconocidos por ella (en forma de enlaces, de nuevo). Otra economía de la donación. Juntos forman un torbellino de intercambio de conocimiento y no es raro descubrir a los más expertos y a los más reconocidos en algún campo de conocimiento entre las filas blogger.
Las economías de la donación han funcionado bien para forjar comunidades que comparten conocimiento. Eso no quiere decir que sean la única alternativa ética que pueda funcionar en ese tipo de comunidades. Pero es un indicio. De que podemos escarbar por ahí. Deberíamos preocuparnos muy y mucho de cuáles son los mecanismos que harán que nuestros hijos sean capaces de colaborar y trabajar en grupos humanos similares. Porque la sociedad que logre funcionar bajo ese modelo prosperará por encima de las demás. Será más innovadora. Será más inteligente. Será más sabia. Tendrá más conocimiento.
Al final todos nuestros problemas residen allá dónde se originaron. En nuestro cerebro. Hubo un tiempo en el que mi mente científica colisionaba con una forma más o menos popular que tiene el budismo de hablar de nuestro egoísmo, nuestras envidias, nuestro orgullo, nuestra ira… Demonios, los llama. En los cuentos y leyendas se dice que, cuando Buda se acercaba, sus discípulos hacían sonar una campana para anunciar su llegada. Según la leyenda, los demonios huían del sonido de la campana porque sabían que Buda llegaba tras ella. Muchos templos budistas tienen campanas o cascabeles en los aleros de los tejados. De ese modo, cuando llegan ráfagas de viento, las campanas suenan y auyentan a los demonios y a los malos espíritus.
La idea de hablar de demonios, como ya he dicho, no me resultaba cómoda. Los demonios me suenan a una engañifa religiosa. Con el tiempo he comprendido que hablar de demonios es una forma de decir: ese egoísmo, esa ira, ese orgullo… nada de ello soy yo. Son mis demonios. Si consigo expulsarlos, emergerá mi auténtico yo, que es generoso, humilde, tranquilo y está por encima de la envidia. Es una forma de hablar absolutamente figurada que expresa muy bien una idea. No vale el “yo soy así” y el “ya me conoces”. Tú no eres tus demonios. Se pueden expulsar. No hay excusa.
Pues bien, todos los problemas que emergen cuando intentamos colaborar provienen de esquemas sociales que nos han inculcado más nuestros demonios personales. Contra los segundos sólo podemos luchar nosotros mismos. Sobre los primeros, no culpo a las sociedades que nos inculcaron esos esquemas sociales egoístas y sobreprotectores. Una de las cosas que enseña el dilema del prisionero es que no existe ética perfecta: una estrategia es mejor o peor dependiendo del entorno, de cómo se comporten los demás. Una persona que intenta compartir en una sociedad egoísta y agesiva seguramente saldrá perjudicado. Y de eso querían protegernos nuestros mayores. Pero da la casualidad de que los entornos cambian y de que si ahora no aprendemos a compartir y a colaborar, otra sociedad nos comera la tostada. Tal es la naturaleza de nuestro mundo global. Tal es la naturaleza de la Internet, también.
Me estoy desviando. Por resumir. La gran lección si utilizamos el dilema del prisionero para explicar todos estos fenómenos de colaboración es que, en un entorno competitivo y cambiante, aquellos grupos humanos (sociedades, comunidades) que son capaces de articular su ética (moral en este caso, pero me permito la licencia) para favorecer el intercambio libre de conocimiento desarrollan e incrementan su comprensión y su capacidad de innovación. Si queréis simplificarlo. Se vuelven más listos, más inteligentes, más sabios y un largo etcétera.
No lo digo solo yo. Lo dicen todos los demás. La web 2.0 no es un cambio tecnológico. Es social. Y yo digo: lo importante es la ética. Si aprendemos a compartir tenemos todas las de ganar. No ganar aplastando a otros. Ganar aprendiendo más rápido que los demás e innovando con mayor facilidad. Ganar por desarrollo y no por conflicto armado. Y liberando conocimiento no sólo seríamos referente para el resto de la humanidad. Además les abriríamos la puerta de su propio desarrollo. Reflexionemos sobre como llevarlo a cabo. Es una cuestión importante.
Lo dicho. Es la única sorpresita que he dejado programada. No he podido evitarlo. Tenía que soltarlo. El tema me toca mucho. Nos veremos en una semana o así.




6 comentarios ↓
[...] La burbuja 2.0… ¡es la ética, estúpido!www.tallerd3.com/archives/1828 por tobalcd hace pocos segundos [...]
Otra de las cosas que creo que va a cambiar la presunta “ética blogger” (también a mí me entran esas dudas) es la cultura. El sábado habrías tenido una buena oportunidad de testar si aquellas ideas tuyas sobre cultura y redes podrían tener cabida en las cercanías. Mi intuición, fallona casi siempre, me dice que no, pero quién sabe…
Ánimo y esperamos verte pronto.
Pero, ¿tú no estabas impedido?
Tienes razón y hay que decirlo muchas veces, porque parece que no cala.
Cuídate esa pierna.
También puedes verlo como un simple problema de poder: quienes lo detentan no reúnen la mayor parte de las veces las condiciones para comprender de qué va la fiesta.
Simplemente no está en la agenda de asuntos prioritarios. Ni de lejos.
¿Qué paso el sábado? Lo siento, creo que es la anestesia pero no recuerdo que pasaba un sábado.
Julen. La cuestión de fondo es que lo que opinen los que detentan el poder importa una mierda.
Si su competencia aprende a compartir de manera eficaz para mejorar su rendimiento, se los merendará. Al final, los que detentan el poder se especializan en seguir detentándolo. Cuando vean como se les escapa de las manos por unos advenedizos, empezarán a curiosear que es eso de la web 2.0. De hecho, ya lo están haciendo. Primera fase, todo para la web 2.0 pero sin lo 2.0. Segunda fase, ya veremos.
La cuestión es que el punto en el que comprendemos que esto no es coyuntural, sino que es un cambio estructural mediado por lo que las tecnologías nos permiten hacer en el momento presente… pues es como los borg: “cualquier intento de resistencia es futil.”
Tiempo al tiempo.
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