Los lectores de Enrique Dans estamos acostumbrados a que nos regale episodios de su vida cotidiana a través de su blog que, en principio, habla de la nueva economía. Con la excusa más sesuda, Enrique habla a veces de unos u otros problemas técnicos que le toca sufrir. Me han llamado profundamente la atención dos post recientes que parecen confirmar que no se trata sólo de un guiño con sus sufridos lectores: él llora y la empresa de turno, si valora en algo su nombre en la red, se pone las pilas para solucionarle el problema. A Dell no le apetece quedar mal y a Vodafone no le sobra ganar un poco de fama adicional solucionado los problemas de conectividad del blogger.
Esta situación me ha servido de reflexión sobre cuanta fuerza comunicativa pueda tener un blog personal. El de Enrique desde luego no tiene nada que ver con este humilde intento. Él tiene una marea de lectores y, aunque su influencia real sobre la imagen de las empresas no creo que sea tan grande, el hecho de que algunas de ellas le atiendan personalmente ya me parece un logro enorme. Quizá incluso mayor que lo anterior.
Asistimos, en su momento, a una descentralización del poder comunicativo con la emergencia de la red de redes. Poco a poco, se ha ido generando una cierta polarización de las fuerzas comunicativas y hoy en día cree que Microsiervos, por ejemplo, sea “otro blog más.” Su tráfico y sus número de suscriptores desmienten esa afirmación. Existen los “superventas” tanto fuera de la red como dentro de ella. La diferencia es dentro de la red hay “superventas” que son personas individuales (o pequeños grupos) que no tienen ninguna vinculación con los grupos mediáticos que se reparten la tostada fuera de la red.
Quizá la red no es el paraiso de igualdad comunicativa que se nos vendió en sus inicios. Pero lo que si es cierto es que la fuerza comunicativa depende mucho más de lo que digas que de con cuantos millones lo digas.




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